Quizá no lo sepas, pero al borde del abismo tenía las ilusiones antes de toparme con tu insomne mirada.
Me confesaste que todo tu mundo también estaba al borde del abismo, pues alguien sin piedad tu corazón hizo añicos.
Impedí que rompieras en llanto aquella vez, en un dos por tres, una sonrisa te robé, mientras tu alma del abismo rescaté.
Un segundo después, nos fundimos en un abrazo, juramos que nunca más nuestros sueños estarían al borde del abismo.
Nuestras manos se aferraron con firmeza y nunca más se soltaron, definitivamente, el abismo quedó atrás.