¡Good look boy!

No es que me guste

pero es difícil ignorarlo.

Ver cómo su pequeño índice de su mano derecha,

escrudiña con devoción

los diminutos orificios de sus fosas nasales,

cómo si fuese un acto de meditación absoluta,

superando cualquier estado metafísico

que pueda despegar a la existencia del mundo real. 

¡Es admirable!

El placer perpetuo que pueda ocasionar

el incesante movimiento 

entre el pulgar y el respectivo índice,

que moldea con la intuición de un panadero de oficio

el moco nosivo,

verde y amarillento,

húmedo y escamoso,

biscocho primitivo,

masa encefálica,

conglomerado de entes inmunizadores,

anticuerpos terrestres…

 

No me avergüenza,

yo también lo hago,

yo soy ese niño,

que busca quitarse ese aspecto 

confuso y oprimido,

que cada ser humano lleva a dentro, 

hacer un pelotita que puedas lanzar lejos

y sentir que respiras mejor,

porque te haz quitado un peso encima…

 

Pero…

mira lo…

¿que hace…

¡No!

¡Hey boy!

Cosa fai?

What are you doing?

¡No, en la boca no!

Eso es asqueroso pequeño hombre…

 

Y los padres lo ignoran,

cómo mastica con la determinada felicidad

y se lo pasa de un lado a otro,

para que en la deshabitada encías

no sean privadas de probar el manjar…

 

¡Oh por dios que exista!

Se lo traga y pide agua,

debería la madre darle una raditidina 

o un omeprazol…

No juzgarlo o testificar en contra de su inocencia.

¡No creo haberme comido un moco en mi vida!

 

¡Oh niño!

Busca otro, 

tiene la fe de repetir 

el mismo acto con más profundidad

porque es capaz que sea la última porción del día…

 

Los padres lo observan y dicen cosas de muchedumbre:

“Es un niño, déjalo quieto” “Que se lo coma”

“Está tranquilo, no lo alborotemos”.

 

¡Claro! 

Porque ahora solo sabe decir tres palabras;

pero sí lo hace cuando sea grande,

lo señalarán y dirán que es inmaduro 

y asqueroso 

(algo que estoy de acuerdo)

comer mocos…

 

Me mira el pequeño y tierno demonio, 

se ríe con la imperiosa certidumbre 

que es más feliz que yo.

Y es así,

tiene razón,

no me gustan comerme los moscos,

pero lo haría si tuviera razones científicas

de que me haría libre en esta vida…

 

¡Oh pequeño demonio! 

Espero que sea feliz toda tu vida,

cómo lo eres ahora.

 

¡Buena suerte amigo!

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