Mañana sería mejor

Mañana sería mejor. Esa era la eterna letanía. No había más verdad, ni más palabras cuando moría el sol. Y mañana era confortable, porque era una constante promesa, desligada de todos los momentos, independiente de cualquier forma de contar el tiempo. Mañana sería mejor. Mañana sería cualquier día al despertar y abrir los ojos y sentir todas las heridas curadas, ninguna cicatriz que pudiese atestiguar por dónde se sangró. Mañana era salvación, ese lugar seguro donde ya no llegaría la mano helada de los fantasmas a congelar el corazón. Mañana será mejor, mañana será mejor, mañana, mañana…susurrado hasta el infinito desde que el sol abandonaba su lugar dejando el mundo sin protección contra el miedo hasta que el sueño daba un beso como premio de consolación, recitado para tejer una manta con la que guarecerse y que ya nada dañase el cuerpo. Mañana sonaba a recompensa, al sonido del viento entre las alas, cálido y suave, beso de sol en verano, mañana siempre fue aventura, cuento de hadas y sobre todo no temer, no llorar, no huir…no esconderse como Ingenua en la estantería. Mañana era no recordar que anoche la almohada estuvo mojada. Mañana era una ilusión y un imposible, una mentira como todo lo demás, mañana fue defectuoso, decepcionante…

Mañana llegó y pasó de largo una y mil veces, murió como ayer en un charco de nubes rojas, todos lo vimos desde las ventanas, a muy pocos nos importó, pero nadie supo decir que no llorásemos al verlo explotar, porque si mañana agonizaba, habría que buscar una nueva excusa, y aún estando todos juntos nadie quiso apoyarse en los demás, todos ahogados en su propio miedo, todos ignorando a todos, todos inconscientes del resto y ya todos cavamos la tumba de mañana sin haberlo llegado a ver morir. La única voz común era un débil no puedo…pero no podían saber…sólo fuimos capaces de unirnos en el descenso.

Supe que mañana no había muerto cuando me miró, pude hacer algo, recordé que en algún momento había sido capaz de gritar, pero no lo hice, recordaba el hecho de hacerlo, pero no el cómo. Y tampoco quise. Podría ser sueño o indiferencia, cualquiera servía como excusa, pero todos supimos que fue por mediocridad, no quisimos revivir lo que ya dábamos por muerto y como cobardes que éramos nunca lo volvimos a nombrar. Mañana había sido promesa de eternidad, su tumba fue el mejor sitio que encontré para dejar parte de esa alma que empezaba a pesar demasiado, como un regalo, como una ofrenda en pago por mi falta de valor. Fui igual que todos, ni mejor ni peor, tan débil como cualquiera y aún así no pude evitar mirar aquel rebaño como si yo fuera un ser superior. Pensé como un eco, que mañana había muerto y que nosotros le habíamos matado. Sonreí por la estupidez, ya sólo me quedaba éso.

Culpa nuestra o no, ya sólo quedaba hoy, hoy que es breve y escaso, y tiene sabor a tiempo acabado. Hoy morirá igual que mañana, lo veré morir, como todos, como muere cada minuto en el olvido, hoy promete menos que mañana, pero tal vez cumpla más. Hoy es lo que nos queda. Cuando hoy muera y me mire a los ojos, sólo espero haber aprendido a gritar.

(20/05/2009).

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