Paz y gracias espero a bien

Albricias cuando tu sonrisa, perdona al miedo casto. Cuando brillan tus ojos por calmar tu propio llanto. En el tiempo ya sucumbido, de un drama pasado.

De historias no conocidas por secretas, prendidas del orgullo herido. A todas las termina la preferida paz y gracia de sentidas haberlas en vida, de experimentar su fuego fatuo.

Canciones oigo y escuchase rumorosa la comparsa animada, de tus poses y actitudes despidiendo la farsa. Es el desenlace ingenuo en que se restaura la falla; la que nunca hubo, porque tú con tu indulgencia sepultas a la añoranza; la de no haber sufrido, de haber recibido lo mismo que ofreciste, cuando por eso la hizo.

De lo que te costó rechazo y funesto sino y ahora esperas bien esté asido o dejado a la memoria, o entregado al fiero olvido.

Esperando está tranquilo el deseo, su fuego quemó y ardió sin arruinar su nicho.  El cuál fue panacea después de en su peana arrojarse del pecho, del corazón haberse a la mente caído y retornar vigente sin dolor de ser vencido.

 

 

 

 

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