LLegado ha

LLegado el momento, justo el tiempo final

de las pasiones restantes ante estipendios grandes,

donde hay bellos monumentos y conciertos de cantares

deteniendo parlamentos míseros y deplorables.

Siempre el mismo juicio atormenta en la hora

de prueba a muerte o vida a la perversa deshonra,

para aquel que no se indigna por tamaño esperpento,

disyuntiva a la cual, sin salida, dilucirá el escarmiento,

como porvenir glorioso, la división, mediocre apartamiento.

Adiós sed de cariño y de buenos señalamientos,

cúrose sin heridas ni asomo de respeto ni regreso,

quien viendo disipación juzgó como disparate ciego

a la comunidad vuelta víctima muda de la autoridad,

sin honorabilidad sobornada, despidíola sin veto.

No es más bien recibida ni hallará magnánimo aprieto,

cuando con fervor sea maldecida por prevaricación,

aún con lágrimas ruegue perdón con denuedo sobre condonar,

maldita será en la tierra aun entierren debajo sus tiestos.

Así los bañe la lluvia, heidondos seguirán siendo sus restos.

Allí adónde los escupieron, un espacio de nombre inmemorial,

que tránsito de suelas de zapatos pisará de tal cantidad de pasos.

 

 

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